“Larga charla con Traveler sobre
la locura. Hablando de los sueños,
nos dimos cuenta casi al mismo
tiempo que ciertas estructuras
soñadas serían formas corrientes
de locura a poco que continuaran
en la vigilia. Soñando nos es dado
ejercitar gratis nuestra aptitud
para locura. Sospechamos al
mismo tiempo que toda locura
es un sueño que se fija.
Sabiduría del pueblo:
“Es un pobre loco, un soñador…”
J.C.
Como si vaticinara lo que estaba a punto de ocurrir, recuerdo que trabajaba el personaje de Luidmila Nikolayevna pensando que te perdía a ti o a un hijo que tenía contigo, un hijo tuyo. Simplemente la idea de perderte era y es insoportable. Me dolía el pecho, las piernas me fallaban, sentía un hueco en el estómago…
Quizá exagero pero hoy… no es diferente. Hay algo estúpidamente parecido a la muerte, a que te hubieras muerto, a que te me hubieras muerto. Despierto en la mañana queriendo creer que el tiempo no ha pasado, que aún estás. Y a veces, en ese punto borroso entre el sueño y la vigilia estás; me abrazas de cucharita; me hablas de tu antología novohispana; te quejas de tu mamá y de tu hermana; lloras por algo que te duele: que te preocupa; te ríes pensando en tus primos, el obesito simpático; o simplemente, respiras a mi lado… Se acaba el sueño, regreso a esto que llamamos realidad.

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