domingo, 28 de febrero de 2010

Hoy por la mañana (28 de febrero de 2010)


Esto se ha convertido en una verdadera obsesión, quizá la más grande que he tenido jamás. La razón principal es el duelo, la pérdida. Siento como si se me hubiera muerto alguien, aunque él esté vivo en Omega 300. Una posibilidad del mundo me ha sido vedada y yo no puedo hacer nada para evitarlo más que tratar de moverme para adelante equilibrándome como un funámbulo torpe.

Despierto a diario, a veces a las 5, a veces a las 7, sumida en pensamientos que poco puedo distinguir de los sueños. Pienso en él, en sus manos, en sus huesos iliacos; en la cicatriz del mentón, de cuando lo atropellaron de pequeño; en el lunar-mancha-cicatriz de su espalda; en sus ojos verdes –de vez en cuando azules- que tienen amarillo alrededor de las pupilas. Me pregunto qué estará pensando o haciendo en ese momento, si de casualidad él también me estará soñando. Lo imagino dormido boca abajo como acostumbraba. Reconstruyo el cuarto pintado de verde; la fotografía del castillo en Alemania; los libreros atiborrados; el escritorio cubierto por un vidrio debajo del cual hay varias imágenes, el perfil de una mujer que dibujé hace muchos años…

Trato de volver a dormir, de relajar el cuerpo parte por parte. La mayoría de las veces fracaso irremediablemente y me quedo en el calor de la cama pensando incesantemente. Podría levantarme y hacer algo que podríamos calificar de productivo, por ejemplo, ordenar los papeles que se acumulan en el escritorio. Desde luego no hago nada, renuncio sin más y me dejo llevar por la avalancha de recuerdos, de preguntas, de sensaciones. En la boca del estómago la angustia crece y decrece, como los movimientos de una sinfonía. También la siento en la mandíbula, en la espalda. Es mi aprehensión tratando de poner las piezas juntas, de hacer que algo tenga sentido, de salvarme del absurdo.

Lo más vital, el impulso que me permite levantarme y seguir con esta sucesión de instantes es la escritura. De alguna forma, poner en palabras esto que me ocurre, esto que soy. Seguramente es de lo más cursi, como lo de la luciérnaga. Nadie se atreva a decirme: “no lo juzgues, no te juzgues”. Lo juzgo y aún así no encuentro aún otra forma de asir el mundo, de nombrarlo; de encontrar algo de fe.

sábado, 27 de febrero de 2010

HAPPY NEW YEAR

HAPPY NEW YEAR

Andréus:

Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestás tu mano en esta noche
de fìn de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.

Julio Cortázar

viernes, 26 de febrero de 2010

Mientras escribo

Sabía que sin fe no ocurre nada

de lo que debería ocurrir, y

con fe casi siempre tampoco.

Julio Cortázar

Parece que Regina Spektor hubiera escrito para mí (discúlpenme, ya se mencionó anteriormente mi condición histérica):

This is how it works

You're young until you're not

You love until you don't

You try until you can't

You laugh until you cry

You cry until you laugh

And everyone must breathe

Until their dying breath

No, this is how it works

You peer inside yourself

You take the things you like

And try to love the things you took

And then you take that love you made

And stick it into some

Someone else's heart

Pumping someone else's blood

Quiero escribir tanto, quiero crear algo; una carta, un libro. Quiero escribir ese relato, cuyos personajes empiezan a vibrar en mí. Inicia con un hombre chupando una gotita de sangre del dedo de una mujer. Más bien creo que son adolescentes. Quizá tienen 17 y 16 años. No me importa, no sé qué pasa después. Se separan. Ella se convirtió en estatua de sal –como la mujer de Lot-, miró para asegurarse que él venía tras de ella en el inframundo y él se evaporó –como Eurídice-. Escucharon el mito en una versión remasterizada mexicana cuando fueron a El chico, Hidalgo. Les dio risa. Se amaron por la tarde. Lo que más querían era desnudarse. “Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca…” Oscureció. No había luz eléctrica afuera y todo era silencio. Les dio angustia, extrañaron el ruido de la ciudad, las distracciones. Sólo existían ellos dos en el mundo.

Quiero matarla. Que la parta un rayo, que le dé ébola, que la secuestren unos tratantes de blancas de Ciudad Juárez y que luego la acribillen, que la torturen, que sufra, entre más mejor. Su nombre taladra mi cabeza. Un nombre de tres sílabas, como el mío. Desde el martes, también su imagen. Su rostro dulce, su piel perfecta, sus ojos verdes, su pelo rubio. Todo lo que yo no soy. Creo que nunca había odiado tanto a alguien. El director de mis directores me preguntó en un ensayo que si había sentido celos de la forma en que el personaje de la obra los sentía. Yo respondí que no, jamás en mi vida. Conocía la envidia, la angustia, la ira, qué sé yo, pero no los celos. Hoy los conozco y prefería no hacerlo. Los conozco tanto, me acompañan a todas partes desde el día que vi sus manos juntas. Desde que vi tu mano que acompañó a la mía por el mundo y por la vida -tanto tiempo- acompañando a otra; desde que te vi pumping someone else´s blood.

Quiero escribir una carta decente de despedida, de explicación. Quiero agradecer a un amigo por su oído, por su paciencia, por su terapia. Quiero escribir sobre el teatro, lo bueno, lo malo. Quiero aprehender y aprender a Veronesse. Quiero que los días sigan sucediéndose uno a uno lentamente mientras vivo, mientras soy, mientras respiro, mientras escribo.

miércoles, 24 de febrero de 2010

http://www.youtube.com/watch?v=qpMEd4Wvxbs&NR=1

Por caminos sinuosos

"En dónde se quedó la conversación,
virtud o defecto que impide avanzar
por los caminos sinuosos de
los malentendidos humanos..."
A.I.S
¿Qué es lo que produce las separaciones? ¿Qué genera los encuentros? Estoy sentada a la mesa con alguien a quien amo y no sé qué decir, no sé cómo remediar esto que siente hacia mí. Desearía que se sintiera cómoda a mi lado y no puedo lograrlo.
Nosotras -madre e hija- nunca tendremos esa relación utópica que desearíamos. A veces los pleitos comienzan por algo tan nimio (yo quería que me prestara su abrigo el día de Navidad, ella no quería prestarlo), otras veces son de naturaleza más, no sé, rara. Como ahora, creo que la raíz de esta tensión reside en sentirnos insuficientes a los ojos de la otra. Ella me dice: "¿Por qué no vas a terapia?" Me enojo, "¿Por qué dices eso, qué, si me ves muy mal?" "-Ay, no, sólo me preocupas."
¡No me chingues! ¡Qué mensaje tan poco reconfortante! Mi madre cree que estoy loca. Y entramos en una discusión estúpida. Me molesta molestarla, me produce malestar; me siento una molestia y la molesto con mi molesto malestar. !Ay, qué chocante!, como diría mi abuela.
En el fondo lo que realmente me retuerce es que todo pase en la misma semana, que todo se junte a la vez. "Cuando te llueve te llueve." Como a Holden Caulfield que el fin de semana que lo expulsan de la escuela, le suceden toda suerte de infortunios. Aunque cierto profesor afirmaría que no hay infortunios sino que buscamos con afán lo que nos pasa.
Lo alarmante, entonces, está en que apenas es miércoles y yo me siento como si llevara un año sin dormir (quizá llevo un año sin dormir). No creo que pudiera resistir otro encuentro como el de ayer (no puedo hablar aún de ello, sigo en shock), otro malentendido como el de esta tarde u otra separación como la del año pasado.
La noche de ayer (perdida a media Calzada de las Bombas) clamé: "¡Que me maten! ¡Que me inyecten! ¡Que me apaguen!" Hoy no está tan mal, hoy no es tan malo; agradezco el poema, la película, el ensayo, el abrazo y hasta la conversación inacabada.

lunes, 22 de febrero de 2010

Lo preguntaré una vez

Lo preguntaré una vez: ¿Y si no me da la gana hacerlo? ¿Si no me da la gana dejar de dormir con él entre mis piernas, si no me da la gana cambiar la página; dejar de leer una y otra vez las cartas que me escribió; hablarle entre sueños; dejar de invocarlo con el pensamiento, con el cuerpo; dejar de llorar entre risas frenéticas; preguntarle a todo el mundo si creen que aún me quiere, si amará a la nueva? ¿Si no me da la gana desprenderme, evitar comprar frenéticamente los libros que sé que ha leído; desaprenderme los poemas eróticos que puso en una antología; olvidar cada una de las escenas en que me amó -lo amé-, me odió -lo odié-, me idolatró -lo reverencié-, me reclamó -lo chingué-, las veces en que me recorrió con la lengua -y viceversa-? ¿Si no me da la gana dejar de pensarlo en cada maldito instante, detener mis hábitos enfermos de torturarme la cabeza viéndolo besar a otra, dejar de culparme, si no me da la gana de dejar de escupirme, de odiarme, de desear desaparecer? ¿Si no me da la menor gana de fingir, de decirle que sí al psicólogo: "tiene usted razón, hay que crecer"? Entonces, ¿qué?
Tendrán razón, lo concedo, llámenme histérica. Lo único que quiero es aquello que no puedo poseer. Soy patética. Soy un cliché. Soy Tekla, Enid, Madame Bovary, Hedda Gabler, Horacio Oliveira y Violeta R. Schmidt juntos. En realidad no soy ninguno. En realidad, no soy más que un imprevisto. La intensidad de éste depende de a quién se le pregunte. Usted escoja: ¿una semana, un mes, una noche, 4 años y pico? ¿Cuál le gusta?
En esta película de (500) Days of Summer lo plantean muy bien. No somos más que estaciones en la vida de la gente. Algunos "amores" son nuestros veranos, otros nuestros otoños. Y viceversa, eso somos también en sus vidas. ¿Qué le pasará al joven de la película después de Autumn? Eso es una payasada. Creo que en el otoño seguimos pensando en el calor del verano. Yo al menos. Entonces, ¿qué?
¿Amarme? ¡Ja! Firme su contrato aquí, Mr. Dorian Gray. ¿Acepta usted a esta mujer? ¿Acepta amarla y respetarla hasta contraer el cáncer, hasta que ella deje de amarlo y respetarlo para darse a la inexorable tarea de despreciarlo? Si es así, ha contraído usted una novia, una cita, una mujer. ¡En hora buena! ¡Ay, Dios nos ampare de creer que le hago bien! En este momento no le hago bien a nadie, usted disculpará. Disculpe el imprevisto.

domingo, 14 de febrero de 2010

Instantes

Todo ocurre tan rápido. Un día despiertas y de pronto ya estás por terminar la carrera. ¡La carrera! Eso que me parecía tan lejano y tan, no sé, "adulto". La vida se va -como dicen- "en chinga". ¡Da miedo!
Alguna vez -hace algunos meses- alguien que me vio crecer durante un buen tiempo (1/4 de mi vida, más o menos) me dijo que mi cara había cambiado muchísimo, que ahora (ese momento) mi cara era de mujer. Así lo dijo: "de mujer". Yo me sorprendí. No me había dado cuenta del cambio operado, pues me veo a diario. Pregunté: "Y ¿cómo era antes?" "Tenías cara de niña", fue la respuesta, "como en esa foto en la que estás pintando una Virgen de Guadalupe".
En estos días pienso sin cesar en esa conversación. Cuando ocurrió no le di importancia o no quise dársela. Hace poco en otra conversación de atardecer, el tema volvió a surgir: el cambio de los rostros. "No sé, se veía más mujer."
Durante esta noche de domingo (los domingos son pa´ pensar) me pregunto sobre ese movimiento de la vida. ¿Qué significa, por ejemplo, ver una amiga de la primaria y no tener absolutamente nada que decirle? ¿Cómo es que cambiamos tanto durante este extraño éter llamado tiempo? En alguna medida nos vamos haciendo extraños los unos a los otros... No puedo explicarlo exactamente, es una sensación rara, como la de darse cuenta de que la propia cara ya no es el misma.
Encontramos, conocemos, desconocemos, desencontramos.... C´est la vie! Es difícil de explicar: la melancolía y la alegría coexisten. A veces me da hasta melancolía del futuro (oxímoron, n´est pas?)... los instantes no duran nada, las mañanas como la de hoy, por ejemplo. En cuanto me doy cuenta de que la estoy viviendo ya se está yendo... así, "en chinga"... y a pesar de ello, hay algo que me maravilla de esta vida compuesta de instantes efímeros.

domingo, 7 de febrero de 2010

Sobre todo

Sobre todo que ya no haya nada nuestro

sólo mi soledad y mi espera

sólo mi vocación de magdalena

de muñeca fea

de exiliada del mundo

Sobre todo que se destruyeran las certezas

y que queden sólo las lágrimas

la repetición de una rutina

la aceptación

dejar ir, dejarte ir

Sobre todo que sea el olvido

quien borre un momento del mundo

mundo de dos

para dejar, tan sólo, un mundo de uno

de uno y de muchos otros

tantos otros como pensamientos ahogados

como súplicas no pronunciadas

Sobre todo no ver tus ojos

cambiarlos por la psiquiatría

por la almohada húmeda de sal

y de silencios y de vergüenza

Sobre todo estar donde no estoy

donde no estaré más

para dejar ir

para dejarte ir

Un frasquito con aire de París

El día en que nos despedimos nos abrazamos como cincuenta veces, durante todo el rato me tomaste de las manos como si todavía estuviéramos juntos; por alguna razón que aún no comprendo no querías soltar mi mano. Yo quería besarte pero me juré que no lo intentaría a menos tú quisieras, no quisiste o no lo dijiste. Me hubiera gustado, al menos por última vez saborear tu boca, tu lengua, tus labios, cuya sensación siempre adoré.
Cuando me abrazaste por última vez -en mi cuarto, frente al librero, frente a las obras completas de Borges que me regalaste en un cumpleaños- mi rostro quedó apretado contra tu hombro. Pude olerte y sentí que en ese mismo instante podría morir, morir inmensamente plena y agradecida con la vida. Deseé con tanta fuerza poder, por lo menos, encapsular tu olor en un frasquito de la misma forma en que tengo tu imagen en innumerables fotografías. Te lo dije así sin más, todavía apretada contra tu hombro. Te reíste y dijiste: "como un frasquito con aire de París". Me reí y giré la cara hacia tu cuello, sentiste mi respiración y un escalofrío recorrió tu cuerpo, volviste a reír. "Eso me gusta", dijiste. Inmediatamente sentí terror y me quité de tu cuello, de tus brazos, de tu olor...
En algún rincón remoto de ti -quiero creer- algo te gusta de mí... A mí me gustan un millar de cosas de ti que ya no están más que en mi memoria, que ya se fueron. Me quedan los objetos: Sánchez, Borges, Bruni, Johnson, Huerta, Ocho siglos, el rosario gigante, la piedra de río, el lápiz de El Cuatro, el alebrije, el librito de aforismos, el bancubi, la serie de películas asiáticas, la plumilla de tu guitarra, los pants del moderno americano, infinidad de cartas... ¡Puta madre, cuando volteo estás hasta en mis calcetines (unos blancos de nike que me quedan enormes)!
Algún día, no sé cuándo, ni siquiera me quedarán de ti estos objetos. Algún día, no sé cuándo, una buena parte de lo que vivimos juntos desaparecerá de mi memoria... y me angustia. Pero ante la angustia y la falta de una botellita con aire de París sólo tengo el arte y la literatura, Javier Marías en este caso:
"... por qué saber nada si nada de lo que sucede sucede, porque nada sucede sin interrupción, nada perdura ni persevera ni se recuerda incesantemente, lo que se da es idéntico a lo que no se da, lo que descartamos o dejamos pasar idéntico a lo que probamos, volcamos toda nuestra inteligencia y nuestros sentidos y nuestro afán en la tarea de discernir lo que será nivelado, o ya lo está, y por eso estamos llenos de arrepentimientos y de ocasiones perdidas, de confirmaciones y reafirmaciones y ocasiones aprovechadas, cuando lo cierto es que nunca nada se afirma y todo se va perdiendo. O acaso es que nunca hay nada." Corazón tan blanco

viernes, 5 de febrero de 2010

Sertralpina

Primer día de sertralpina (antidepresivo). No sé... ¿Cómo estamos sobre el mundo? No sé. En algún punto amamos a alguien ("¿accidente o elección?"), dejamos a esa persona entrar en nuestro mundo y entramos en el de ellos. Entramos en su rutina diaria, en sus pensamientos, en sus angustias, en sus brazos, en sus lecturas del mundo, en sus ojos, en sus fascinaciones, en sus camas. (Hablábamos diario, ¿recuerdas?) Luego un día todo acaba por romperse (la alguna vez pequeña grieta acaba por fracturarse por completo) y somos expulsados, exiliados, expatriados de esa tierra en la que habitamos por un instante de la vida (30 días o 1825, no importa). Nos convertimos en exes.
¿Qué significa ser "ex"? Si nos hemos separado de alguien, ¿seremos exes toda la vida? Si hemos terminado tres relaciones, ¿somos tres veces ex? ¿Cómo se recuerda a un ex? ¿Será posible que la persona con quien compartimos miradas, besos, risas, lágrimas, abrazos, orgasmos, sueños, preocupaciones, quejas, críticas, contemplaciones, viajes, ridículos, caricias, fotografías, libros, historias, angustias, dolores, palabras, pinturas, creaciones... toda una vida, se refiera a nosotros como su "ex"? Me repugna.
Quiero entenderlo: "el duelo es el precio del amor". Dejar ir es necesario, hay que moverse y esas cosas... pero me repugna. Alabo el "Romance del acabóse". ¿Cómo acabar y pasar por la calle y tratar al ex como un amigo cualquiera, como un ex? No lo sé. Me repugna. Le falta pasión, hay algo mediocre. A la vez no, hay que abrazar la vida: maravillarse con un listón de colores.
¿Cómo estamos en el mundo a pesar de esta náusea? No lo sé, existe la sertralpina, la fluoxetina, el prozac y otras tantas. Paliativos necesarios para calmar la náusea y aceptar nuestra despreciable pero irremediable condición de "ex".

miércoles, 3 de febrero de 2010

Sabina es grande!!!!!!!

Ay, Carmela, me duelen tus ojos
sembrando rastrojos
canela en la nieve.
Como dos carabelas,
tan pintas, tan niñas, tan leves.

Sí, sigo sola mi camino y quizá me merezca un novio poeta... pero hay cosas que no sé y tal vez no quiero saber. No sé despedirme y decir adiós. Cambiar para asumir que todo fue una época de la vida, un breve periodo de 1825 días... sin contar una semana antes de que nos enamoráramos (o es que ya nos habíamos enamorado antes, últimamente me gusta creer que me enamoré de ti en cuanto te vi). Sé que la vida tiene que cambiar, que tengo que crecer, que la separación es necesaria. Pero soy necia (los tauros somos necios) y no quiero dejar de sentir esto tan inmenso, no quiero que sólo seas una parte de mi "memoria que está olvido". Me gusta que seas ojos, manos y pelvis en presente. Mais contra la voluntad no hay nada que hacer, excepto volver a citar a Sabina:
"Y no sé de qué modo
dejar de adorarte sin duelo
entre nunca y quién sabe.
Cuando quemes tus naves
no me pierdas las llaves del cielo."

martes, 2 de febrero de 2010

Declaración

Estoy triste, así de simple. Me declaro en huelga, en quiebra, en paro laboral; declaro la moratoria, salgo del clóset.... Estoy rota, así de simple. Paso por un duelo y duele. Todo duele: lo bello y lo horrible, lo luminoso y lo lúgubre. Me duele la alegría porque ya no estás, porque te has ido y escuchar tu voz cada noche le daba sentido a esta existencia... Pero como dicen por ahí: "hay que tirar lo que pese y dejar correr el temporal". Quiero entender, quiero dejar ir y sentirme parte del mundo una vez más. Quiero -como dice una amiga- reaprender el mundo si no estás tú, reaprender a dormir sola sin tus manos abrazando mi cintura... así de simple.