viernes, 26 de febrero de 2010

Mientras escribo

Sabía que sin fe no ocurre nada

de lo que debería ocurrir, y

con fe casi siempre tampoco.

Julio Cortázar

Parece que Regina Spektor hubiera escrito para mí (discúlpenme, ya se mencionó anteriormente mi condición histérica):

This is how it works

You're young until you're not

You love until you don't

You try until you can't

You laugh until you cry

You cry until you laugh

And everyone must breathe

Until their dying breath

No, this is how it works

You peer inside yourself

You take the things you like

And try to love the things you took

And then you take that love you made

And stick it into some

Someone else's heart

Pumping someone else's blood

Quiero escribir tanto, quiero crear algo; una carta, un libro. Quiero escribir ese relato, cuyos personajes empiezan a vibrar en mí. Inicia con un hombre chupando una gotita de sangre del dedo de una mujer. Más bien creo que son adolescentes. Quizá tienen 17 y 16 años. No me importa, no sé qué pasa después. Se separan. Ella se convirtió en estatua de sal –como la mujer de Lot-, miró para asegurarse que él venía tras de ella en el inframundo y él se evaporó –como Eurídice-. Escucharon el mito en una versión remasterizada mexicana cuando fueron a El chico, Hidalgo. Les dio risa. Se amaron por la tarde. Lo que más querían era desnudarse. “Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca…” Oscureció. No había luz eléctrica afuera y todo era silencio. Les dio angustia, extrañaron el ruido de la ciudad, las distracciones. Sólo existían ellos dos en el mundo.

Quiero matarla. Que la parta un rayo, que le dé ébola, que la secuestren unos tratantes de blancas de Ciudad Juárez y que luego la acribillen, que la torturen, que sufra, entre más mejor. Su nombre taladra mi cabeza. Un nombre de tres sílabas, como el mío. Desde el martes, también su imagen. Su rostro dulce, su piel perfecta, sus ojos verdes, su pelo rubio. Todo lo que yo no soy. Creo que nunca había odiado tanto a alguien. El director de mis directores me preguntó en un ensayo que si había sentido celos de la forma en que el personaje de la obra los sentía. Yo respondí que no, jamás en mi vida. Conocía la envidia, la angustia, la ira, qué sé yo, pero no los celos. Hoy los conozco y prefería no hacerlo. Los conozco tanto, me acompañan a todas partes desde el día que vi sus manos juntas. Desde que vi tu mano que acompañó a la mía por el mundo y por la vida -tanto tiempo- acompañando a otra; desde que te vi pumping someone else´s blood.

Quiero escribir una carta decente de despedida, de explicación. Quiero agradecer a un amigo por su oído, por su paciencia, por su terapia. Quiero escribir sobre el teatro, lo bueno, lo malo. Quiero aprehender y aprender a Veronesse. Quiero que los días sigan sucediéndose uno a uno lentamente mientras vivo, mientras soy, mientras respiro, mientras escribo.

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