domingo, 7 de febrero de 2010

Un frasquito con aire de París

El día en que nos despedimos nos abrazamos como cincuenta veces, durante todo el rato me tomaste de las manos como si todavía estuviéramos juntos; por alguna razón que aún no comprendo no querías soltar mi mano. Yo quería besarte pero me juré que no lo intentaría a menos tú quisieras, no quisiste o no lo dijiste. Me hubiera gustado, al menos por última vez saborear tu boca, tu lengua, tus labios, cuya sensación siempre adoré.
Cuando me abrazaste por última vez -en mi cuarto, frente al librero, frente a las obras completas de Borges que me regalaste en un cumpleaños- mi rostro quedó apretado contra tu hombro. Pude olerte y sentí que en ese mismo instante podría morir, morir inmensamente plena y agradecida con la vida. Deseé con tanta fuerza poder, por lo menos, encapsular tu olor en un frasquito de la misma forma en que tengo tu imagen en innumerables fotografías. Te lo dije así sin más, todavía apretada contra tu hombro. Te reíste y dijiste: "como un frasquito con aire de París". Me reí y giré la cara hacia tu cuello, sentiste mi respiración y un escalofrío recorrió tu cuerpo, volviste a reír. "Eso me gusta", dijiste. Inmediatamente sentí terror y me quité de tu cuello, de tus brazos, de tu olor...
En algún rincón remoto de ti -quiero creer- algo te gusta de mí... A mí me gustan un millar de cosas de ti que ya no están más que en mi memoria, que ya se fueron. Me quedan los objetos: Sánchez, Borges, Bruni, Johnson, Huerta, Ocho siglos, el rosario gigante, la piedra de río, el lápiz de El Cuatro, el alebrije, el librito de aforismos, el bancubi, la serie de películas asiáticas, la plumilla de tu guitarra, los pants del moderno americano, infinidad de cartas... ¡Puta madre, cuando volteo estás hasta en mis calcetines (unos blancos de nike que me quedan enormes)!
Algún día, no sé cuándo, ni siquiera me quedarán de ti estos objetos. Algún día, no sé cuándo, una buena parte de lo que vivimos juntos desaparecerá de mi memoria... y me angustia. Pero ante la angustia y la falta de una botellita con aire de París sólo tengo el arte y la literatura, Javier Marías en este caso:
"... por qué saber nada si nada de lo que sucede sucede, porque nada sucede sin interrupción, nada perdura ni persevera ni se recuerda incesantemente, lo que se da es idéntico a lo que no se da, lo que descartamos o dejamos pasar idéntico a lo que probamos, volcamos toda nuestra inteligencia y nuestros sentidos y nuestro afán en la tarea de discernir lo que será nivelado, o ya lo está, y por eso estamos llenos de arrepentimientos y de ocasiones perdidas, de confirmaciones y reafirmaciones y ocasiones aprovechadas, cuando lo cierto es que nunca nada se afirma y todo se va perdiendo. O acaso es que nunca hay nada." Corazón tan blanco

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