Lo preguntaré una vez: ¿Y si no me da la gana hacerlo? ¿Si no me da la gana dejar de dormir con él entre mis piernas, si no me da la gana cambiar la página; dejar de leer una y otra vez las cartas que me escribió; hablarle entre sueños; dejar de invocarlo con el pensamiento, con el cuerpo; dejar de llorar entre risas frenéticas; preguntarle a todo el mundo si creen que aún me quiere, si amará a la nueva? ¿Si no me da la gana desprenderme, evitar comprar frenéticamente los libros que sé que ha leído; desaprenderme los poemas eróticos que puso en una antología; olvidar cada una de las escenas en que me amó -lo amé-, me odió -lo odié-, me idolatró -lo reverencié-, me reclamó -lo chingué-, las veces en que me recorrió con la lengua -y viceversa-? ¿Si no me da la gana dejar de pensarlo en cada maldito instante, detener mis hábitos enfermos de torturarme la cabeza viéndolo besar a otra, dejar de culparme, si no me da la gana de dejar de escupirme, de odiarme, de desear desaparecer? ¿Si no me da la menor gana de fingir, de decirle que sí al psicólogo: "tiene usted razón, hay que crecer"? Entonces, ¿qué?
Tendrán razón, lo concedo, llámenme histérica. Lo único que quiero es aquello que no puedo poseer. Soy patética. Soy un cliché. Soy Tekla, Enid, Madame Bovary, Hedda Gabler, Horacio Oliveira y Violeta R. Schmidt juntos. En realidad no soy ninguno. En realidad, no soy más que un imprevisto. La intensidad de éste depende de a quién se le pregunte. Usted escoja: ¿una semana, un mes, una noche, 4 años y pico? ¿Cuál le gusta?
En esta película de (500) Days of Summer lo plantean muy bien. No somos más que estaciones en la vida de la gente. Algunos "amores" son nuestros veranos, otros nuestros otoños. Y viceversa, eso somos también en sus vidas. ¿Qué le pasará al joven de la película después de Autumn? Eso es una payasada. Creo que en el otoño seguimos pensando en el calor del verano. Yo al menos. Entonces, ¿qué?
¿Amarme? ¡Ja! Firme su contrato aquí, Mr. Dorian Gray. ¿Acepta usted a esta mujer? ¿Acepta amarla y respetarla hasta contraer el cáncer, hasta que ella deje de amarlo y respetarlo para darse a la inexorable tarea de despreciarlo? Si es así, ha contraído usted una novia, una cita, una mujer. ¡En hora buena! ¡Ay, Dios nos ampare de creer que le hago bien! En este momento no le hago bien a nadie, usted disculpará. Disculpe el imprevisto.

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